Alcalá de Henares, Enrique de Mesa

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ALCALÁ DE HENARES
Ambiente claro de ciudad latina.
Riberas del Henares,
ríe al sol la llanada alcalaína:
sembraduras, viñedos y olivares.
Esplende el cielo azul, y el aire vivo
tiene un punto sutil
que cela en el ardor, seco y estivo,
un rezago de abril.
Luz y paz es la hora.
Y en esta quieta dulcedumbre clara,
el alma rememora,
a otros siglos de cara.
Brota del corazón y sube al labio
-zumo de la alquitara petrarquesca-
el amor culto y sabio
de una edad humanista y plateresca.
¡Horizontes abiertos
para soñar a solas,
entre el frescor de esmeraldinos huertos
y purpúreos escalios de amapolas!
¡Caminar entre chopos,
del río en la ribera,
leyendo a Erasmo y corrigiendo tropos
bajo un gayo verdor de primavera!
Y sentir en la paz de la mañana
-serenos caminantes-
sobre el dolor y la estulticia humana
la sonrisa piadosa de Cervantes.

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Enrique de Mesa. La posada y el camino, 1928

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Enrique de Mesa, un poeta de la Generación del 98. Biografía:

Enrique de Mesa

App de la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares

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La Catedral-Magistral de Alcalá de Henares cuenta con una atractiva y muy útil aplicación para móviles y tabletas que permite conocer a fondo, mediante vistas panorámicas, imágenes de los diversos recursos del templo, fichas históricas y vídeos, los tesoros del principal templo complutense.
La App puede descargarse gratuitamente tanto en la AppStore como en la PlayStore, para entornos Apple y Android. Basta buscar “Catedral Alcalá”.

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Una ruta de San Ignacio de Loyola por Alcalá de Henares

San Ignacio de Loyola -  Fundador de la Orden de los Jesuitas: la Compañía de Jesús.

Alcalá de Henares, como ciudad universitaria, es uno de los lugares fundamentales relacionados con la importante figura de San Ignacio de Loyola y con la Compañía de Jesús. El que llegaría a ser fundador de los jesuitas llegó a Alcalá en 1526, permaneciendo en la ciudad en torno a un año (hasta el 21 de junio de 1527). Su objetivo fue estudiar teología y filosofía en la Universidad para así dar fundamento a sus propósitos de reforma religiosa.

En Alcalá de Henares se fundó el primer colegio jesuita de España (1546) y se conservan lugares con un valioso pasado histórico relacionados con la Compañía de Jesús.

La primera residencia de Ignacio de Loyola en Alcalá de Henares fue en el Hospital de Santa María la Rica, aunque pronto se trasladaría al Hospital de Antezana

Ruta ignaciana por Alcalá de Henares:
Antiguo Hospital de Santa María la Rica.

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Fue la primera residencia de Ignacio de Loyola en Alcalá de Henares, aunque por poco tiempo.

Se considera una de las fundaciones benéficas más antiguas de Alcalá de Henares. Fue fundada por Pascual Pérez y su esposa Antonia a finales del siglo XIII. Fue hospital de caridad hasta el primer cuarto del siglo XIX, cuando se transformó en casa de caridad y prisión preventiva. Tras la muerte de los fundadores, el hospital pasó a ser dirigido por la Cofradía de Santa María, que se extinguió en 1740.

En el año 2000 se reformó, manteniéndose elementos originales como la fachada, un alfarje mudéjar del siglo XV y algunas columnas originales del antiguo patio. En la actualidad es un importante centro cultural y sala de exposiciones.

Ermita del Cristo Universitario de los Doctrinos (S.XVI).

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La Ermita Universitaria del Santísimo Cristo de los Doctrinos, monumento nacional desde 1942,  es un bello ejemplo de arquitectura popular del más puro estilo barroco castellano. En su interior, recoleto y sugerente, podemos contemplar la talla del Cristo de los Doctrinos, obra manierista del jesuita Domingo Beltrán. Además, la cofradía conserva una magnífica colección de arte religioso de los siglos XVI y XVII.

Su origen se remonta al siglo XIII como oratorio dedicado a una imagen de cristo crucificado al final de la antigua calle Roma (actual calle Colegios).  La actual ermita, comenzada a edificar en el siglo XVI, fue el lugar donde el licenciado Juan López de Úbeda, fundó, en 1581, un Seminario de niños de la Doctrina Cristiana. El lugar ya había sido utilizado por los jesuitas 34 años antes como colegio provisional, debido a su vinculación con Ignacio de Loyola. Y es que, según la tradición, durante el tiempo en el que el fundador de los jesuitas permaneció en Alcalá de Henares (1526-1527), explicaba la doctrina cristiana a sus seguidores en el patio trasero de la ermita. 

Monumento a San Ignacio de Loyola en la plaza de los Doctrinos.

Alcalá de San Ignacio de Loyola

La plaza de los Doctrinos acoge un monumento en homenaje a la figura de San Ignacio de Loyola. Obra del escultor José Luis Vicent, lo realizó en el año 1957 en recuerdo del primer colegio de la Compañía de Jesús fundado en 1546 en el patio trasero de la ermita de los Doctrinos, conocido popularmente como Corral de Mataperros.

Universidad de Alcalá de Henares.

Universidad

Es el edificio más destacado de Alcalá. Fundada por el Cardenal Cisneros en 1499 se considera una de las universidades más importantes de Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII. Por sus aulas pasaron estudiantes tan reconocidos como san Juan de Ávila, Quevedo, Lope de Vega y Jovellanos entre otros muchos. En el Paraninfo, salón principal de la Universidad, cada 23 de abril, los reyes de España hacen la entrega del Premio Cervantes de literatura.

Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia. Fundación Antezana (S.XV).

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El Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia fue fundado en 1483 por Luis de Antezana e Isabel de Guzmán en las que fueron sus casas. En la fachada, de gusto gótico-civil, destaca un gran alero mudéjar. Su interior es una bella muestra de arquitectura popular de tradición mudéjar en torno a un patio, conservándose un magnífico conjunto de salas con alfarjes y estructuras originales de los siglos XV y XVI.

Se conserva en la galería superior del patio la habitación y la cocina que usó San Ignacio de Loyola durante su estancia en este Hospital. En la iglesia conserva una preciosa talla de madera policromada de la Virgen de la Misericordia, hecha en Sevilla hacia 1609, probablemente en el taller de Martínez Montañés, además de una magnífica capilla dedicada al fundador de los jesuitas.

Iglesia y Colegio Máximo de la Compañía de Jesús (actual parroquia de Santa María y facultad de Derecho). 

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Colegio Máximo por su condición de centro matriz de la compañía en España, fue fundado en 1546 por Francisco de Villanueva, antiguo colegial de Alcalá de Henares y uno de los primeros seguidores de Ignacio de Loyola. Tal era la importancia que el fundador de los jesuitas dio a este proyecto, que parece ser que él mismo lo dirigió desde el principio y en su desarrollo posterior. En la fundación actuaron como mecenas personalidades tan importantes en la época como doña Leonor de Mascareñas y doña María y doña Juana de Austria. Se situó originariamente en el entorno de la ermita de los Doctrinos.

A principios del siglo XVII, se trasladó a su actual ubicación de la calle Libreros. El colegio se construyó siguiendo los planos de Melchor de Bueras, aunque la gran fachada experimentó importantes mejoras entre 1660 y 1690. El interior, muy transformado tras la úlyima restauración como facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá, conserva la gran escalera de tipo imperial ideada por Ventura Rodríguez en el siglo XVIII, aunque ya tras la expulsión de los jesuitas (1767).

Entre sus estudiantes, se cuentan personalidades como Calderón de la Barca o los padres Juan de Mariana y Nieremberg. En principio, sus instalaciones debían acoger a sesenta colegiales.

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La iglesia se comenzó a construir en 1567, sufriendo muchos retrasos debido a problemas económicos, hasta que se consiguió el mecenazgo de María y Catalina de Mendoza. Las trazas originales son del jesuita Bartolomé de Bustamante, aunque su construcción fue dirigida por los maestros arquitectos Francisco de Mora y su sobrino Juan Gómez de Mora. El conjunto se acabó entre 1620 y 1625. Las esculturas de la fachada están atribuida a Manuel Pereira (siglo XVII). El Tras la última guerra civil y el incendio de la antigua parroquia de Santa María de la plaza de Cervantes en 1936, se decidió trasladar la citada parroquia a la iglesia de los jesuitas, actuando como tal desde entonces.

En el interior, se conserva el magnífico retablo de Francisco Bautista  y la Capilla de las Santas Formas, construida en 1718.  Se levantó para conmemorar conmemorar el milagro de las veinticuatro formas consagradas que no se descomponían nunca (finales del siglo XVI). La gran cúpula se decora con soberbias pinturas murales de Juan Vicente de la Ribera, de 1699.

Colegio San Ignacio de Loyola.

Colegio San Ignacio de Loyola,Colegio Concertado en Alcalá de Henares,Infantil,Primaria,Secundaria,Bachillerato,Católico,

Colegio de jesuitas, facultad de Filosofía y colegio de Educación Primaria, Secundaria y Formación Profesional, fue construido en 1955, durante su juventud, en sus aulas se formó el actual Papa Francisco.

http://www.sanignacioalcala.es/colegio

 

 

 

 

 

Diez anécdotas y leyendas de Alcalá de Henares que te gustará conocer

La inclinada torre de la Catedral-Magistral

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Es cierto que aunque a simple vista la bella torre de nuestra Catedral-Magistral parezca no tener inclinación alguna, la tiene, eso sí, no la suficiente como para sacar partido turístico y fotográfico a tal circunstancia. Se debe a un terremoto acaecido en nuestras tierras allá por 1689. No tuvo demasiada intensidad, se derrumbaron algunos muros y hubo que rescatar de los escombros a algunos heridos, pero los testigos del fenómeno quedaron asombrados al ver temblar la principal iglesia de la ciudad,  provocando de paso que la esbelta torre, proyectada por Rodrigo Gil de Hontañon, quedara para siempre con esa ligera inclinación. No sé si es como para hablar de una torre de Pisa complutense, pero como curiosidad está muy bien.

La historia de un pícaro allá por 1636

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Conocido como “el Canelo”, nombre ya lo suficientemente explícito como para adivinar sus virtuosas aficiones, fue uno de los muchos pícaros o rufianes que se acercaban a la universitaria Alcalá de Henares al comienzo del curso, por San Lucas, con la intención de integrarse en la colorista e intensa vida estudiantil de la ciudad. Hijo de la “Biensemece” (y no creo que deba explicar el motivo de tan llamativo apodo), su jornada laboral pasaba por fichar en los garitos o colmados que se repartían alegremente por Alcalá. Pues bien, una de esas esforzadas noches de trabajo tuvo un lance con un colega debido a la disputa por una moza complutense, suceso que acabó con la salida de este mundo del amigo de “el Canelo”. Apresado y llevado a presencia del alcalde, don Francisco de Castilla, fue condenado a la horca. Y allí le llevaron, a la picota situada no muy lejos de la Puerta del Vado, para cumplir la sentencia. Pero como las leyes humanas a veces no se coordinan con las fuerzas del más allá, el personaje tuvo la suerte de que el verdugo, conocido como “el Malmorapio” por su excesiva afición al vino, no acertara con la maquinaria puesta al servicio de la ejecución, circunstancia que fue tomada como milagro, haciendo que hasta la fecha no se haya tenido noticia de tan afortunado pícaro.

En la cazuela del Corral de Comedias

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Pícaros, reales o inventados, no le faltaron a nuestra ciudad en sus más esplendorosos años universitarios. Uno de los más famosos fue un tal Lope Lopillo, coetáneo de Francisco de Quevedo (matriculado en Alcalá en 1596). Pues bien, real o imaginario, al personaje se le atribuyen cuantas fechorías y travesuras eran ideadas por las mentes estudiantiles en los ratos de ocio. Y una de ellas tiene que ver con nuestro magnífico Corral de Comedias.

Volvamos a principios del siglo XVII y a una tarde en la que se representaba una obra titulada “burlas, amor y celos”. Por allí andaba, como era costumbre en la época, el corregidor, don Jerónimo de Aldecoa y Laso, dispuesto a presidir la función y a hacer cumplir las reglas impuestas para los espectáculos teatrales. Pero algo pasó, y no fue otra cosa que la “cazuela” de las mujeres andaba revuelta con griterío y voces que impedían seguir el espectáculo. El alguacil enviado al efecto no consiguió calmar los ánimos, por lo que el señor corregidor se enfadó a voz en grito con las señoras. Los estudiantes, intuyendo la gracia de la situación, entonaron al unísono aquello de: “¡Señoras, qué pasa ahí! ¡Señoras, díganlo ya!”  La respuesta no dejó de asombrar y maravillar a unos y a otras. Lope Lopillo, disfrazado de mujer desde la cazuela de las damas gritó: “¡Que Lope está aquí!, ¡vénganse acá! ¡Kikirikí!”.

Todos a una, los estudiantes secundaron la feliz coplilla de Lope Lopillo, acabando la cosa mal, suspendida la función, con quejas al rector y con algún que otro cachete. El caso es, y será cierto o quizás no, que desde entonces la cazuela de las mujeres se vino a trocar en el famoso “gallinero”.

La cúpula de las Bernardas

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De sobra es conocido que el Monasterio de las Bernardas, obra de Juan Gómez de Mora, es una de las obras más importantes del Barroco español. Su hermosa y espectacular cúpula ovalada no sólo es un ejemplo de diseño arquitectónico, sino también una proeza técnica a propósito de la cual existe en Alcalá de Henares una leyenda.

Andaba la iglesia en obras, se dice que allá por el año 1618, cuando llegó el día de retirar los aperos que sostenían la gigantesca cúpula. Imagínense los nervios de los alarifes y de todos aquellos que participaban en la obra, quizá hasta el mismo promotor del convento, el arzobispo Don Bernardo de Sandoval y Rojas, andaría intranquilo ante la llegada de este momento. Nunca se había hecho una cosa igual en España y, a pesar de los cálculos exactos  del arquitecto, existían dudas razonables sobre si la cúpula se vendría abajo.

Pero llegó el momento y el sobrestante, Luis González de Oviedo, se dirigió al arquitecto para que diera la autorización final a la retirada de aperos. Cuenta la leyenda que, no sin muchas dudas, la dio, pero que no quiso esperar a ver el resultado, abandonando Alcalá de Henares y no volviendo a la ciudad. Realidad o leyenda, el caso es que la maravillosa cúpula aguantó debido a los perfectos cálculos del magnífico arquitecto, del que estoy seguro que volvió a Alcalá de Henares en numerosas ocasiones a admirar su obra y a trabajar en otros importantes proyectos.

Un cuadro del Convento de la Imagen y una cantarilla de miel

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La curiosa historia hace referencia a un cuadro sobre el Martirio de San Andrés que las monjas del convento de carmelitas de la Imagen  encargaron al pintor alcalaíno Gregorio de Utande, bien mediado ya el siglo XVII. Parece ser que el precio convenido fue el de cien escudos, pero el resultado del cuadro no agradó para nada a las religiosas, negándose a pagar lo acordado y pidiendo una tasación imparcial al famoso pintor, escultor  y arquitecto Sebastián de Herrera. Imagínense el susto de Utande ante tal iniciativa de las monjas, por lo que decidió pedir ayuda a su amigo, maestro y magnífico pintor Juan Carreño de Miranda. Como podrán suponer, el gran artista tuvo que rehacer casi por completo la obra, recibiendo como pago de su amigo Utande una cantarilla de miel que en su momento recibió como regalo de las propias monjas.

El perito al ver el San Andrés quedó maravillado y no sólo acordó como justo pagar por él cien escudos, sino que subió el precio hasta 200. Cuando tiempo después se conoció la historia, el lienzo se hizo famoso y empezó a ser conocido como el “cuadro de la cantarilla de miel”.

La Mesa del rey Salomón

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Pues sí, uno de los grandes tesoros de la antigüedad fue encontrado en nuestra ciudad. La bellísima mesa del rey Salomón, llena de incrustaciones de perlas, esmeraldas, corales y demás piedras preciosas. Según cuenta el historiador Ibn´Abd al-Hakam (que vivió en el año 880) el gran caudillo Tarik, a su paso por Complutum en el 713, localiza en lo que el denomina “Faray” (a dos días de Toledo y camino de Guadalajara) la famosa Mesa de Salomón. Esta sería la razón por la que el desfiladero que conducía a la famosa mesa en el monte o Gebel-Zulema (Zulema_Suleiman) acabó denominándose Cuesta de Zulema.

Pero no intenten buscarla, Tarik la encontró y el propio Muza se la llevó a su señor, el Califa de Damasco, como uno de los grandes regalos de aquella legendaria tierra que acababan de conquistar.

Ignacio de Loyola y la cantarilla de huevos

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En 1526, Ignacio de Loyola se encontraba en Alcalá de Henares con ánimo de preparar lo mejor posible la base doctrinal y teológica que daría como fruto la fundación de la Compañía de Jesús. Pero dadas sus intenciones y su temperamento, en Alcalá no dejó de llamar la atención, acabando en varias ocasiones con sus huesos en la cárcel y dejando recuerdo de numerosas historias, leyendas o milagros que la imaginación popular se encargó de transmitir.

Una de esas curiosas historias tiene que ver con la costumbre de Ignacio de enseñar el catecismo a los niños en la ermita de los Doctrinos. Pues bien, tras la lección de uno de aquellos días de enseñanza escuchó, cuando ya los niños se iban yendo, los sollozos de una pequeña que le llamó la atención. Preguntó a la niña por la causa de sus lloros y ésta le contó que al ir a coger agua del pozo que había junto a ellos se le había caído al suelo una cantarilla con huevos, rompiéndose casi todos ellos. Un disgusto mayúsculo que Ignacio pronto se prestó a solucionar. Recogió los restos del estropicio, los metió en la cantarilla e introdujo todo en el pozo. Pues no se lo van a creer, o sí, al salir la cantarilla del pozo los huevos estaban intactos, sanos y salvos, por lo que la niña pudo volver a su casa contenta y feliz. ¡No me dirán que no es bonito y tierno el milagro!

El Rico-Home de Alcalá y el Huerto de los Leones

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Ricos-Homes en Alcalá de Henares tuvo que haber varios, sobre todo teniendo en cuenta que tal denominación hacía referencia a los nobles de alta cuna. Pero el famoso, el de la leyenda, que murió por oponerse nada menos que al rey Pedro I el Cruel, dejó hasta calle en la ciudad, la del Rico-Home, y palacio, que existió hasta 1857, en cuya portada exhibía con orgullo “Año de 1571, Casa del Rico-Home de Alcalá”. Es casi seguro que fuera todo pura invención, porque la fecha de 1571, el Rico-Home y Pedro I no cuadran, pero el magnífico palacio si fue una bella realidad destruida en el siglo XIX. La casa perteneció a los Mendoza, que la habían recibido de León Alonso de Laguna en 1433. Y tuvo que ser un gran palacio, porque allí se casó la princesa de Éboli, doña Ana de Medoza, con don Ruy Gómez de Silva, asintiendo el propio rey Felipe II.

Al palacio se le conocía popularmente como de “Los Leones” por los dos leones que sostenían el escudo de los Mendoza que se situaba en la portada. Como habrán adivinado, tal palacio se situó en la actual calle Empecinado, en el conocido Huerto de los Leones, hoy llamado Jardín de las Palabras.

El Canónigo y su nariz

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“Aquí yace el reverendo Gregorio Fernández, canónigo de San Justo, capellán de Sus Altezas, el cual tuvo cargo de este monasterio desde que se fundó hasta hoy, y dejó en el dicho monasterio la capellanía de veinte mil maravedíes de censo. Finó el primer día del mes de Septiembre de 1518 años”  Así reza la inscripción que aparece en el bello sepulcro renacentista del canónigo Gregorio Fernández situado en la girola de la Catedral-Magistral.

Gregorio Ferández fue el encargado por el Cardenal Cisneros de poner en marcha el colegio de doncellas situado en el convento de San Juan de la Penitencia. Una institución pensada para la educación femenina que permitía a las mujeres que se acogían a ella conseguir una dote que les daba cierta seguridad en lo que se refiere a alcanzar un buen matrimonio.

El sepulcro del canónigo se situó en la iglesia del monasterio, actual Casa de la Entrevista, hasta que las monjas sustituyeron su antiguo edificio en el siglo XIX por el actual de la calle de Santiago. Fue entonces cuando el sepulcro se trasladó a la Catedral-Magistral.

Pues bien, parece ser que en torno a la efigie de Gregorio Fernández se creó una tradición entre las mujeres casaderas de Alcalá de Henares que unió para siempre al canónigo con la idea de un buen casamiento. La antigua tradición consistía en que la muchacha que acariciase la nariz del reverendo encontraría novio en breve plazo.

Lo cierto es que si nos fijamos con atención, nariz no le queda mucha al canónigo Gregorio Fernández, por lo que puede ser que una de las razones se deba a esta simpática costumbre complutense.

La boca de la verdad del Colegio de Málaga

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Uno de los más importantes edificios del barroco civil en Alcalá de Henares es el Colegio de San Ciriaco y Santa Paula, conocido popularmente como Colegio de Málaga. Lo fundó don Juan Alonso de Moscoso, natural de Algete, antiguo estudiante de la Universidad y con el tiempo obispo de Málaga.

El colegio, una magnífica obra de Juan Gómez de Mora, consta de dos claustros y una impresionante escalera imperial en su centro. Pues bien, en uno de los patios encontramos una gran fuente, obra de  Miguel de Arteaga (1769), decorada con una cabeza de león con sus fauces abiertas. Y he aquí de donde viene una antigua costumbre alcalaína: cuando una dama dudaba de la fidelidad de su enamorado le llevaba ante esta fuente, obligándole a jurar sobre su fidelidad a la vez que metía la mano derecha en la boca del león. Si mentía, el galán salía del trance sin mano. No se tiene noticia de tal circunstancia, por lo que ha de presuponerse el alto grado de fidelidad de los amantes alcalaínos.

Del libro “Leyendas y Refranes Complutenses” Arsenio E. Lope Huerta y M. Vicente Sánchez Moltó. 1982

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El título de ciudad, Alcalá de Henares

La Real Cédula firmada por el rey Carlos II en Aranjuez el 5 de mayo de 1687 otorgaba a Alcalá de Henares el privilegio de poder ostentar el título de ciudad. Un  título que todavía hoy hace sentir orgullosos a muchos alcalaínos y que convierte a Alcalá de Henares, junto a Chinchón y Colmenar de Oreja, en una de las tres ciudades con título de la Comunidad de Madrid.

La solicitud en el siglo XVII de este título se nos presenta como una antigua aspiración por recuperar una categoría que ya tuvo Complutum en época romana, aunque no hay que olvidar que la necesidad de este tipo de distinciones formaban parte de la manera de  entender la sociedad en el Barroco.

Para Alcalá de Henares, debido a su estatus jurídico como señorío arzobispal de Toledo, el título no significó demasiado en el marco legal, pero sí en el protocolario y ceremonial, consiguiendo, entre otras cosas, poder usar cuatro maceros en los actos y eventos del Ayuntamiento.

Pero lo importante es que el título se consiguió gracias principalmente a Diego Torres de la Caballería y Pacheco. Regidor de Alcalá de Henares, Caballero de Santiago en 1682 y perteneciente al Consejo de la Real Hacienda . Fue el comisionado por el Concejo para tramitar en la Corte la concesión.

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La casa solariega de Diego de Torres, situada en la calle Victoria, 1, es hoy sede de la de delegación de la Cámara de Comercio de Madrid en Alcalá de Henares y fue restaurada entre 1989 y 1990 por José María Pérez González (Peridis). En su interior se conserva un bello patio castellano con columnas y en el exterior podemos ver una placa conmemorativa colocada por el Ayuntamiento en 1987.

También ayudó, y mucho, a conseguir el título el alcalaíno Diego de Anchía. El 14 de marzo de 1687, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares recibió la carta de este caballero por la que prestó 5000 ducados para el pago del título de ciudad. 

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La casa de los Anchía, situada en la calle Cardenal Cisneros 7, es desde 1995 un centro salesiano conocido como Centro Juvenil Cisneros. Es una edificación del siglo XVII que conserva un bello patio de columnas.

 

 

Aproximación a una ruta de Manuel Azaña por Alcalá de Henares

Una ruta que quiere recorrer algunos de los lugares de Alcalá de Henares relacionados con la familia y con la vida del escritor, ensayista y político (ministro, presidente de la II República) Manuel Azaña.

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Manuel Azaña Díaz, hijo de Esteban Azaña Catarinéu y Josefa Díaz Gallo, nació el 10 de enero de 1880 en la calle de la Imagen de Alcalá de Henares.

IMG_20160116_121343Manuel Azaña (de pie a la izquierda) con su abuela Concepción Catarinéu, Josefina (en brazos) y Carlos.

Perteneció a una importante familia burguesa liberal asentada en la ciudad. En el censo de 1807 aparece como escribano y residente en la calle del Rojo el primer Azaña del que se tiene noticia en Alcalá de Henares. Su hijo, Esteban Azaña Hernández, que hereda la escribanía del padre, fue uno de los grandes beneficiado por la Desamortización y llegó a tener un importante papel institucional en la ciudad: en 1812, proclama en Alcalá la Constitución de 1812; en 1820, promueve un manifiesto del Ayuntamiento a favor de la permanencia en la ciudad de la Universidad; en 1843, lee la proclamación de la reina Isabel II. Llegó a ser secretario del Ayuntamiento constitucional en 1820.

Su hijo, Gregorio Azaña Rojas, continuó con el enriquecimieno familiar. También escribano, de tradición liberal, participó en la “Gloriosa” que acabaría destronando a la reina Isabel II. Fue uno de los fundadores y el redactor de los estatutos de la Sociedad de Condueños de los Edificios que fueron Universidad.

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El 16 de mayo de 1850, nació su hijo Esteban Azaña Catarinéu. Siguiendo la tradición familiar, desde joven participó en la política de Alcalá, siendo concejal desde 1875, alcalde interino en 1877 y alcalde entre 1879 y 1881, y en 1885. Promotor de la renovación de la ciudad, en 1879 inauguró la estatua dedicada a Miguel de Cervantes en la que se conocía como plaza Mayor (del Mercado) y a partir de entonces como de Cervantes. En 1880, inaugura el busto dedicado al Empecinado. Fue dueño de un molino de chocolate, de fábricas de jabón y de tejas y de una central eléctrica. Su gran aportación a la cultura de Alcalá vino a través de su faceta de escritor e historiador. Su Historia de Alcalá de Henares, en dos volúmenes, publicados en 1882 y 1883 respectivamente, es fundamental para conocer el pasado de la ciuda. De su matrimonio con María Josefina Díaz-Gallo Muguruza nacieron cuatro hijos: Gregorio, Manuel, Josefa y Carlos. 

IMG_20160116_121228IMG_20160116_121104Los padres de Manuel Azaña

IMG_20160116_120640La Central Eléctrica Complutense tuvo su sede en el solar que después ocupó la Fábrica de Harinas La Esperanza, en el Paseo del Chorrillo.

La Casa Natal de Manuel Azaña Díaz. 

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Se trata de una casa tradicional alcalaína, con las estancias en torno a un patio de columnas, probablemente construida entre los siglos XVI y XVII. Su decoración interior conserva el aire y los ambientes propios de la burguesía del siglo XIX.

Ayuntamiento de Alcalá de Henares

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Antiguo colegio convento de San Carlos Borromeo o Agonizantes, construido entre 1654 y 1674. En 1870, es cedido al ayuntamiento de la ciudad. Rehabilitado a partir del proyecto del arquitecto Cirilo Vara y Soria siguiendo los cánones del eclecticismo de la época. A partir de 1924, José de Azpiroz remodela la fachada principal. La torre del reloj se incorpora en 1946. El padre de Manuel Azaña, Esteban Azaña, fue concejal desde 1875, alcalde interino en 1877 y alcalde entre 1879 y 1881, y en 1885.

Los Escolapios de Alcalá de Henares. Antiguo Colegio Mayor de San Ildefonso. 

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El 30 de agosto de 1861, la Sociedad de Condueños cedían en usufructo a las Escuelas Pías el antiguo Colegio Mayor de San Ildefonso. Con ayuda económica de los colegios de Madrid y Getafe se restauró el desolado edificio. El 9 de enero de 1862 comenzaron las clases.

Hacia 1890, Manuel Azaña estudia en este colegio de lo Escolapio en Alcalá de Henares, aunque las primeras letras las aprende en un colegio de la calle Escritorios.

Es el edificio más destacado de Alcalá. Fundada por el Cardenal Cisneros en 1499 se considera una de las universidades más importantes de Europa a lo largo de los siglos XVI y XVII. Por sus aulas pasaron estudiantes tan reconocidos como san Juan de Ávila, Quevedo, Lope de Vega y Jovellanos entre otros muchos. En el Paraninfo, salón principal de la Universidad, cada 23 de abril, los reyes de España hacen la entrega del Premio Cervantes de literatura.

Calle de los Coches, 10 (Cardenal Cisneros) Fundación de la Revista Brisas del Henares. 

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La revista se funda en 1897 por un grupo de amigos (Manuel Azaña, José María Vicario, Creagh, etc.) en el número 10 de la antigua calle de los Coches.

Revista satírica La Avispa. Impresa en La Cuna de Cervantes, calle Limoneros, 12 (Ramón y Cajal)

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En la segunda aventura periodística de Manuel Azaña en Alcalá de Henares, iniciada en 1910, le va a acompañar, entre otros amigos, el que fue concejal socialista Antonio Fernández Quer.

Es también en este momento cuando se produce la quiebra y la venta de los negocios familiares.

Lectura en la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares de la conferencia “El problema español”. Número 9 de la calle Escritorios

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En la primera sede de la Casa del Pueblo de Alcalá de Henares, Manuel Azaña ofrece la conferencia inaugural el 4 de febrero de 1911, titulada “El problema español”.

1937, el Presidente Manuel Azaña en Alcalá de Henares. Plaza de Cervantes, calle Libreros, calle Mayor.

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El monumento a Manuel Azaña en Alcalá de Henares

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El 22 de mayo de 1987 se inauguró el monumento a Manuel Azaña en Alcalá de Henares. Encargado en un principio a Pablo Serrano, su muerte hizo que se hiciera cargo de la obra José Noja. Desde 1994, se encuentra instalado en la rotonda de Alcorlo, junto al Paseo de Pastrana.

 

 

 

 

App oficial de Alcalá de Henares. Cuatro rutas accesibles por la Ciudad Patrimonio de la Humanidad

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En colaboración con el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España y la Fundación Orange, el ayuntamiento de Alcalá de Henares ha desarrollado una App que ofrece cuatro rutas accesibles por la ciudad.

Una magnífica guía que nos muestra los lugares más importantes de nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Descárgate la guía en el siguiente enlace:

Guías accesibles Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España